Bolonia Medieval

Actualizado: 16 de enero de 2025 Lectura en 4 min

Bolonia es una de esas ciudades que te sorprende nada más llegar. Paseas por su centro histórico y parece que el tiempo se haya detenido en la Edad Media, con calles de edificios rojizos, torres que desafían la gravedad y pórticos que se extienden kilómetros.

En este artículo te cuento qué ver en la Bolonia medieval, desde sus emblemáticas torres hasta rincones menos conocidos que merece la pena descubrir.

Por qué Bolonia medieval se conserva tan bien

Lo primero que me sorprendió al visitar Bolonia fue lo bien conservado que está su casco histórico. Teniendo en cuenta que Italia sufrió bombardeos intensos durante la Segunda Guerra Mundial, esperaba encontrar más reconstrucciones modernas.

Sin embargo, el centro de Bolonia sobrevivió en gran parte intacto. Aunque sufrió bombardeos y hubo un número considerable de víctimas mortales, la ciudad tuvo la suerte de no ser un objetivo militar tan prioritario como lo fue Milán.

El resultado es un casco antiguo donde puedes caminar durante horas sin encontrar un solo edificio moderno que rompa la armonía. Los palacios renacentistas, las torres medievales y las iglesias románicas conviven en un entramado urbano que parece sacado de otra época.

Otro factor clave es la política urbanística de la ciudad. Bolonia ha sido muy estricta a la hora de proteger su patrimonio. No hay edificios altos nuevos en el centro; las únicas estructuras que sobresalen del skyline son las torres medievales, exactamente igual que hace siglos.

Esta combinación de suerte histórica y buena gestión urbanística hace que pasear por Bolonia sea una experiencia única. No es un centro histórico reconstruido o maquillado: es auténtico.

Las torres de Bolonia medieval: símbolos de poder entre familias

Durante los siglos XII y XIII, las familias nobles de Bolonia competían por construir la torre más alta. Era una forma de demostrar poder, riqueza y control sobre el territorio en una época marcada por las luchas entre güelfos y gibelinos.

Se estima que llegaron a existir entre 80 y 200 torres en la ciudad, aunque la cifra exacta es objeto de debate entre historiadores. Muchas fueron demolidas, otras se derrumbaron y algunas se reconvirtieron en cárceles o comercios.

Hoy quedan unas veinte en pie, pero dos destacan por encima del resto: la Torre Asinelli y la Torre Garisenda, conocidas como Le Due Torri. Se han convertido en el símbolo de la ciudad y son visibles desde casi cualquier punto del centro.

Torre Asinelli

Con 97 metros de altura, la Torre Asinelli es la torre inclinada más alta de Italia. Sí, inclinada: tiene una desviación de 1,3 metros respecto a la vertical, aunque no se nota tanto como su vecina.

Fue construida entre 1109 y 1119, y en su origen medía unos 60 metros. Se amplió posteriormente hasta alcanzar su altura actual. Durante el siglo XIV pasó a ser propiedad municipal y se usó como fortaleza y prisión.

Puedes subir sus 498 escalones para disfrutar de una vista panorámica impresionante. Desde arriba se aprecia perfectamente el mar de tejados rojizos, los pórticos serpenteando entre las calles y las colinas que rodean la ciudad.

Un dato curioso: durante la Segunda Guerra Mundial, voluntarios se apostaban en la cima para indicar a los equipos de socorro dónde habían caído las bombas durante los raids aéreos.

Torre Garisenda y su mención en la Divina Comedia

Junto a la Asinelli se levanta la Torre Garisenda, más baja (48 metros) pero con una inclinación mucho más pronunciada: 3,2 metros. Originalmente medía 60 metros, igual que su vecina, pero tuvo que recortarse en el siglo XIV porque el terreno cedía.

La Garisenda tiene un vínculo literario importante. Dante Alighieri la mencionó varias veces en sus obras, incluyendo la Divina Comedia. En el Canto XXXI del Infierno, el poeta compara la sensación de ver al gigante Anteo inclinándose con la de observar la torre Garisenda cuando las nubes pasan por encima.

Actualmente no se puede subir a la Garisenda por motivos de seguridad, pero contemplarla desde la Piazza di Porta Ravegnana ya merece la pena. Ver las dos torres juntas, inclinadas en direcciones opuestas, es una imagen que no olvidarás.

Iglesias que revelan la Edad Media

Las iglesias de Bolonia son otro pilar fundamental de su patrimonio medieval. Dos destacan especialmente: la Basílica de San Petronio y la Basílica de Santo Stefano.

Basílica de San Petronio

Ubicada en la Piazza Maggiore, San Petronio es una de las iglesias más grandes de Europa. Su construcción comenzó en 1390 con la ambición de superar en tamaño a San Pedro de Roma, aunque nunca se completó.

La fachada inacabada es parte de su encanto. La mitad inferior está revestida de mármol blanco y rosa, mientras que la superior muestra el ladrillo desnudo. Este contraste cuenta la historia de un proyecto que se quedó a medias por falta de fondos y disputas con el Vaticano.

En el interior hay una joya científica: la meridiana de Cassini, el reloj solar más largo del mundo. Una línea de 66,8 metros recorre el suelo de la nave, y al mediodía un rayo de sol entra por un agujero en el techo para marcar la fecha exacta.

Basílica de Santo Stefano: las Siete Iglesias

Este complejo religioso es uno de los lugares más especiales de Bolonia. Se le conoce como las Siete Iglesias porque originalmente reunía siete templos interconectados, aunque hoy solo se conservan cuatro.

Sus orígenes se remontan al siglo V, pero la Edad Media dejó una huella imborrable. La Iglesia del Santo Sepulcro y el Patio de Pilatos recrean los lugares santos de Jerusalén, ya que el complejo se construyó como destino de peregrinación.

Pasear por Santo Stefano es una experiencia casi mística. El silencio, la luz tamizada y la mezcla de estilos arquitectónicos crean una atmósfera que te transporta varios siglos atrás. Era el lugar favorito de Dante Alighieri cuando visitaba la ciudad.

Los pórticos: Patrimonio de la Humanidad

Bolonia tiene más de 40 kilómetros de pórticos, los más extensos del mundo. En 2021 fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, un reconocimiento más que merecido.

Los pórticos nacieron en la Edad Media como solución práctica. La Universidad de Bolonia atraía estudiantes de toda Europa, y los propietarios de viviendas querían ampliar sus casas para alquilar habitaciones. La solución fue construir hacia fuera, sobre la calle, creando estos pasillos cubiertos.

Con el tiempo, un decreto municipal obligó a que todos los pórticos tuvieran una altura mínima para permitir el paso de jinetes a caballo. Así se estandarizó su aspecto y se creó la red que hoy conocemos.

Caminar bajo los pórticos es una de las mejores experiencias en Bolonia. Te protegen del sol en verano y de la lluvia en invierno. Además, muchos conservan los colores ocres y terracota originales de los siglos XIII al XV.

El más impresionante es el Pórtico de San Luca, que conecta la ciudad con el Santuario de la Virgen de San Luca en lo alto de una colina. Son casi 4 kilómetros de arcadas con 666 arcos. Subir andando es toda una experiencia, pero las vistas al llegar compensan el esfuerzo.

Piazza Maggiore: el corazón de la ciudad roja

La Piazza Maggiore es el centro neurálgico de Bolonia desde la Edad Media. Aquí se concentran algunos de los edificios más importantes de la ciudad y se entiende por qué la llaman la Rossa: el rojo de los ladrillos domina el paisaje.

Lo bonito de los edificios rojos de Bolonia no es solo el color en sí, sino la uniformidad. Prácticamente todos los palacios, casas e iglesias del centro comparten esa tonalidad cálida que da a la ciudad una personalidad única.

En la plaza destacan el Palazzo d'Accursio (actual ayuntamiento), el Palazzo del Podestà con su Torre dell'Arengo del siglo XIII, y el Palazzo Re Enzo, que sirvió como prisión del rey Enzo de Cerdeña durante 23 años.

Justo al lado está la Piazza del Nettuno, con la famosa fuente de Neptuno esculpida por Giambologna en el siglo XVI. El dios del mar se ha convertido en símbolo de la ciudad, aunque en su día la estatua causó polémica por mostrar atributos demasiado generosos.

Un truco local: si te colocas en una baldosa de diferente color frente al edificio de la Salaborsa y miras hacia la estatua, un efecto óptico hace que Neptuno recupere su aspecto original antes de la censura eclesiástica.

La Universidad más antigua de Europa

La Universidad de Bolonia, fundada en 1088, es considerada la más antigua del mundo occidental. En la Edad Media se convirtió en el centro de estudios jurídicos más importante de Europa, atrayendo a miles de estudiantes de todos los rincones del continente.

El edificio histórico que hay que visitar es el Archiginnasio, que fue sede de la universidad hasta 1803. Su claustro está decorado con los escudos de armas y grafitis que dejaron los antiguos estudiantes, una tradición que se mantuvo durante siglos.

En el piso superior se conserva el Teatro Anatómico, una sala con forma de anfiteatro donde se realizaban disecciones públicas. Los estudiantes de medicina se sentaban en gradas de madera para observar cómo los profesores abrían cadáveres. Macabro, pero era la vanguardia científica de la época.

La presencia universitaria marcó el desarrollo urbano de Bolonia. Los pórticos se construyeron en parte para alojar a estudiantes, y el barrio de Via Zamboni sigue siendo hoy el corazón de la vida universitaria.

Por cierto, existe una superstición entre los estudiantes actuales: no se debe subir a la Torre Asinelli antes de graduarse, porque quien lo hace no aprobará nunca. Leyenda urbana o no, muy pocos se atreven a desafiarla.

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